Prefacio a Anarquismo y otros ensayos.- Por Emma Goldman

Prefacio a Anarquismo y otros ensayos [1]

Por Emma Goldman:

Hace algunos veintiún años atrás oí al primer gran orador anarquista – el inimitable John Most. Me pareció entonces, y durante muchos años después, que la palabra hablada fue arrojada  delante de las masas con tal elocuencia maravillosa, entusiasmo y fuego, que nunca podría borrarse de la mente y el alma humana. ¡Cómo podría cualquiera en las multitudes que acudían a los mítines de Most escapar de su voz profética! ¡Seguramente bastaba con oírle para deshacerse de sus viejas creencias y ver la verdad y la belleza del anarquismo!

Mi único gran deseo entonces era poder hablar con la elocuencia de John Most, – el que yo también pueda llegar a las masas. ¡Oh, por la ingenuidad del entusiasmo juvenil! Es el momento en el que lo más difícil, parece un juego de niños. Es el único período en la vida que vale la pena. ¡Ay! Este es EL periodo, pero de tan corta duración. Al igual que la primavera, el periodo Sturm und Drang del propagandista produce crecimiento frágil y delicado con vencimiento o muerte de acuerdo con sus competencias para resistir las mil vicisitudes.

Mi gran fe en el maravilloso trabajador, la palabra hablada, ya no existe. Me he dado cuenta de su incapacidad para despertar el pensamiento o incluso la emoción. Poco a poco y sin ninguna pequeña lucha contra esta idea, me di cuenta de que la propaganda oral es un medio, sino el mejor, para tan solo agitar a la gente de su letargo: no deja huella. El hecho de que la mayoría de la gente asista a las reuniones únicamente por las sensaciones despertadas por los periódicos o porque esperan que sea entretenido, es una prueba fehaciente de que realmente no tienen ningún impulso interno por aprender.

Es completamente diferente el modo escrito de la expresión humana. Nadie, excepto los intensamente interesados en las ideas progresistas, se molestan en leer libros serios. Esto me lleva a otro descubrimiento hecho después de muchos años de actividad pública: todos claman por la educación, empero, el alumno aceptará solo aquello que su mente ansía. Ya esta verdad es reconocida por la mayoría de los educadores modernos en relación con la mente inmadura. Creo que es igualmente cierto con respecto al adulto. Los anarquistas o revolucionarios no pueden ser más que músicos. Todo lo que se puede hacer es plantar las semillas del pensamiento. Si algo sustancia se desarrolla dependerá en gran medida de la fertilidad del suelo humano, aunque la calidad de la semilla intelectual no debe pasarse por alto.

En las reuniones la audiencia está distraída por mil no-esenciales. El orador, aunque siempre muy elocuente, no puede escapar de la agitación de la multitud, con el inevitable resultado que va a dejar de echar raíces. Lo más probable es que ni siquiera se haga justicia a sí mismo.

La relación entre el escritor y el lector es más íntima. Es cierto que los libros no son sólo lo que queremos que sean, sino lo que leemos en ellos. Esto que podemos hacer demuestra la importancia de escribir como si fuera lo contrario a la expresión oral. Es esta certeza la que me ha inducido a reunir en un solo volumen mis ideas sobre diversos temas de importancia individual y social. Ellos representan las luchas mentales y el alma de veintiún años, las conclusiones que se derivan después de muchos cambios y revisiones internas.

No soy lo suficientemente optimista para esperar que mis lectores sean tan numerosos como los que me han escuchado. Pero yo prefiero llegar a los pocos que realmente quieren aprender, en lugar de los muchos que vienen a entretenerse.

En cuanto al libro, debe de hablar por sí mismo. Se harán observaciones explicativas pero no en detrimento de las ideas expuestas. Sin embargo, quisiera prevenir dos objeciones que sin duda se plantearán. Una de ellas es en referencia al ensayo sobre el anarquismo [2] y la otra sobre las minorías frente a las mayorías [3].

“¿Por qué no dices cómo las cosas van a funcionar bajo el Anarquismo?” Es una pregunta que yo he tenido que hacer frente miles de veces. Porque yo creo que el anarquismo no puede imponer consistentemente un férreo programa o método para el futuro. Las cosas por las que cada nueva generación tiene que luchar, y que al menos puede superar, son las cargas del pasado que nos mantiene a todos como en una red. El anarquismo, por lo menos como yo lo entiendo, deja a la posteridad libre de desarrollar sus propios sistemas en armonía con sus necesidades. Ni nuestras imaginaciones más vívidas pueden prever las posibilidades que traerá una carrera libre de restricciones externas. ¿Cómo, entonces, puede uno pretender trazar una línea de conducta para los que vendrán? Nosotros, que pagamos un alto precio por cada bocanada de aire puro y fresco, tenemos que evitar la tendencia de coartar el futuro. Si tenemos éxito en la limpieza de la suciedad de la basura del pasado y del presente, vamos a dejar a la posteridad la herencia más grande y más segura de todas las edades.

La tendencia común más desalentadora entre los lectores es arrancar una frase de una obra como criterio para evaluar las ideas del escritor o su personalidad.  A Friedrich Nietzsche, por ejemplo, se le denunció como un enemigo de los débiles porque creía en el uebermensch. No se les ocurre a los intérpretes poco profundos de esa mente gigante que esta visión del uebermensch también aboga por un estado de la sociedad que no dará a luz a una raza de seres débiles y esclavos.

Es la misma actitud  estrecha que ve en Max Stirner nada excepto al apóstol de la teoría del “cada uno para sí, que el diablo se lleve al débil”. Que el individualismo de Stirner contiene las mayores posibilidades sociales es totalmente ignorado. Sin embargo, no es menos cierto que si la sociedad está siempre destinada a ser libre, lo será a través de individuos liberados, cuyos esfuerzos voluntarios hicieron a la sociedad libre.

Estos ejemplos me llevan a la objeción de que se eleva a las minorías frente a las mayorías. Sin duda, voy a ser excomulgada como un enemigo del pueblo porque repudio a la masa como factor creativo. Yo prefiero esto en lugar de ser culpable de los tópicos demagógicos tan comúnmente en boga como cebo para el pueblo. Me doy cuenta muy bien de la dolencia de las oprimidas y desheredadas masas, pero me niego a recetar los ridículos paliativos usuales que no permiten al paciente ni morir ni recuperarse. Uno nunca es demasiado extremo para hacer frente a los problemas sociales, además, lo extremo es generalmente lo verdadero. Mi falta de fe en la mayoría está dictada por mi fe en las potencialidades del individuo. Sólo cuando el este último se convierte en libre para elegir a sus asociados en un propósito común, podemos soñar con el orden y la armonía en este mundo de caos y la desigualdad.

Traducido por Oscar Rosales Krumdieck

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[1] Libro donde se recopilan ensayos de Emma Goldman editado por ella misma.

[2] http://www.marxists.org/espanol/goldman/1910/002.htm

[3] http://www.marxists.org/espanol/goldman/1910/007.htm

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