La libertad es la libertad.- Tom G. Palmer

La libertad es la libertad

Por: Tom G. Palmerpalmer

He encontrado provocador el ensayo que dio inicio a esta discusión, pero no así esclarecedor. He de revelar desde el principio que yo respeto y admiro a David Schmidtz, a quien conozco y de quien he aprendido durante años y con quien acabo de dar una conferencia el sábado pasado en la Universidad McGill junto con Jason Brennan, a quien conocí por primera vez y cuya presentación demostró que él es un pensador serio. Escribo esto porque, aunque estoy agradecido por la oportunidad de discutir su contribución, seré principalmente negativo en mis comentarios y quiero hacer hincapié en que ese “negativo” no tiene por qué implicar hostilidad. Aristóteles estaba en lo cierto cuando nos advirtió que “si bien ambos son queridos, la piedad nos obliga a honrar la verdad por encima de nuestros amigos”, sin embargo, espero que yo pueda ser fiel a ambos.

Antes de ofrecer mis críticas, animo a los interesados ​​en el tema de leer (e incluso comprar) A Brief History of Liberty, texto del cual el ensayo en discusión es extracto. Sin duda, merece la pena una lectura cuidadosa.

1) Voy a empezar centrándome en la forma en que Schmidtz y Brennan distinguen a la libertad “negativa”  de la “positiva”. Ellos atribuyen la diferencia a Isaiah Berlin,  a quien identifican como “el exponente principal del mito” de que “la libertad negativa es la preocupación especial de los defensores de las libertades, mientras que la libertad positiva es la preocupación especial de los marxistas, socialistas y progresistas modernos”, pero reconocen que el uso que le dio Berlín a los términos y la distinción era “algo diferente” de los suyos y que “los términos han llegado a ser utilizados de forma ligeramente diferente de los significados originales que les dio Berlín”. Me parece que no solo han modificado “ligeramente”  los términos y la distinción que da Berlin, sino que los han arrancado de su contexto y fusionado con otros que contienen algunas de las mismas palabras, pero se refieren a cuestiones muy distintas. En particular, han fusionado la distinción entre libertad negativa y  positiva de Berlín con otra, la distinción no relacionada entre derechos “negativos” y “positivos”. El resultado no es útil. (Además, las cosas fueron aún más confusas por la mezcla con la distinción de Constant entre libertad individual ["moderna"] y colectiva ["antigua"], pero ya hablaremos más de ello en breve).

Berlín trató de distinguir la libertad de interferencias o impedimentos impuestos por otras personas, a la cual calificó de “negativa”, y la libertad de impedimentos dentro de nosotros mismos, es decir, de los obstáculos a la realización de los fines del yo racional o el yo nouménico o el ser interior o el verdadero yo o el yo superior, que es oprimido, por así decirlo, por un externo, fenoménico, empírico, falso, extraviado y errante yo inferior. Esa es una distinción interesante y se basa en una larga tradición que se remonta a Platón, en el que la libertad es vista como “autodirección racional”. [1] Berlín no tiene en cuenta por libertad positiva el tener más ingresos o un yate. Por otra parte, en Berlín se trata de puntos de vista divergentes de la libertad, no meramente diferentes tipos que uno puede mezclar y combinar o cuya suma total uno podría tratar de maximizar. Cuando Schmidtz y Brennan identifican a la libertad positiva con la riqueza y la capacidad (por cierto, ambas en general muy buenas y deseables en sí mismas) disminuyen tanto 1) la claridad analítica y 2) su capacidad de trazar significativos vínculos causales entre las instituciones y los resultados, una empresa que es claramente importante para ellos. Con respecto a 1, podrían haber escuchado más de cerca a Berlín, quien ofreció sabios consejos en el ensayo [“Dos conceptos de libertad”] que invocan: “no se gana nada por una confusión de términos”,  “cada cosa es lo que es: la libertad es libertad y no igualdad, honradez, justicia, cultura, felicidad humana o conciencia tranquila”. [2] Ya tenemos buenas palabras para describir todas esas cosas (ver la oración anterior) y calificarlas de” libertad” genera confusión en vez de claridad.

2) En particular, llamar a la riqueza o a la posesión de bienes “libertad” introduce algo completamente diferente a la libertad que es un concepto exclusivamente social. La libertad es un concepto inherentemente social, carente de significado fuera de la sociedad, mientras que el concepto de los bienes (o riqueza) no es un concepto inherentemente social. Un hombre solo en un planeta, sin conexiones con otros agentes morales, difícilmente puede decir que es libre o no libre. No vive en una sociedad libre, del mismo modo él no vive en una sociedad generosa. Por la misma razón, no se puede decir que es libre. Él no vive en una sociedad en absoluto. La libertad, como la generosidad y la bondad, se refiere a una relación entre personas (o por lo menos entre seres morales de algún tipo). (Puede incluir otros términos, también, pero no tiene sentido invocar el concepto de libertad sin la invocación de una multiplicidad de personas.) Por otra parte, los bienes, al igual que el hambre y la sed, no requieren ningún tipo de relación con otros seres morales. Un agente puede disfrutar de bienes o riqueza sin tener una relación con alguien más. Su planeta puede ofrecer  tanto escasez como  una cornucopia de alimentos. Una herramienta de piedra es una herramienta, incluso si sólo hay un juego  de manos para servirse de ella. Robinson Crusoe podría tener bienes y riqueza solo en su isla, pobre, ya que sería en ausencia de cooperación social, pero sólo puede decir que es libre cuando Viernes se une a él, así como él sólo podría afirmar que es generoso o amable al interactuar con Viernes.

Berlín distinguió entre la libertad “negativa” entendida como ausencia de interferencia arbitraria por parte de otras personas (una relación que puede ser entendida de varias maneras, no todas ellas compatibles con la tradición liberal clásica) y la libertad “positiva” , entendida como la realización de los objetivos verdaderos o auténticos del  yo superior, interior, verdadero o real, libre de los impedimentos impuestos por el yo meramente empírico y sus pasiones, su pereza, sus supersticiones irracionales, etc. El primer concepto parece ajustarse bastante bien a la utilización del término por Schmidtz y Brennan, pero su uso de este confunde “el poder de hacer lo que a uno le plazca” (analizado anteriormente en lo que se refiere a la “propiedad” como una situación en la que uno “en realidad posee y controla alguna propiedad”) y el poder de “tomar decisiones autónomas”. Este último elemento se ajusta al uso que le da Berlín, pero el primero no lo hace y resulta en otra cosa.

Entonces, ¿por qué es importante si siguen o no el uso de Berlín? Es importante porque Berlín estaba dibujando una tradición intelectual profunda, que se remonta a Platón y describe un conflicto muy real entre ideologías que se manifiesta  a través de la mayor parte del siglo XX. La gran contienda del siglo XX entre la democracia liberal por un lado y el totalitarismo, por el otro, estaba enmarcada por la gente de ambos lados como una lucha entre dos “clases” de libertad: la libertad del individuo para manejar su propia vida y tomar decisiones libres de la interferencia arbitraria de otros y la libertad para darse cuenta de nuestra verdadera esencia y romper las cadenas de la “falsa conciencia” – ya sea la falsa conciencia identificada por los marxistas o por sus ramificaciones fascistas y nacionalsocialistas- y llegar a ser los amos autoconscientes de nuestro propio destino. Al pensar sobre la distinción que hace Berlín es importante tener en cuenta el contexto. En 1919, el fundador del estado-asesino de la URSS defendió sus crímenes en términos de libertad, “libertad real”, en lugar de la libertad meramente burguesa:

Vosotros violáis la libertad, la igualdad, la democracia, nos gritan desde todos los lados, señalándonos la desigualdad que nuestra Constitución establece entre el obrero y el campesino, la disolución de la Asamblea Constituyente, las requisas de los excedentes de trigo etc. Nosotros replicamos: no ha habido en el mundo Estado que haya hecho tanto para eliminar la desigualdad y la falta de libertad que de hecho ha padecido durante siglos el campesino laborioso. [3]

La invocación de esa “libertad real” resultó, como Berlín hace notar, ser una ocasión para ” intimidarlos, oprimirlos y torturarlos en nombre y en virtud de sus «verdaderos» yos, con la conciencia cierta de que cualquiera que sea el verdadero fin del hombre (la felicidad, el ejercicio del deber, la sabiduría, una sociedad justa, la autorrealización) dicho fin tiene que identificarse con su libertad, la libre decisión de su «verdadero» yo, aunque frecuentemente esté oculto y desarticulado”. [4]

3. Los liberales clásicos no suelen menospreciar la riqueza (que Schmidtz y Brennan llaman  en última instancia “libertad positiva”), pero la cuestión  de interés es cómo la riqueza se relaciona con la libertad, no como especie-género, sino como efecto- causa. Su interés por la relación causal es claro cuando escriben “algunos teóricos creen que un conjunto mínimo de protegidas libertades negativas es todo lo que necesitamos para poner en marcha una sociedad que, durante generaciones, produce ganancias explosivas en cuanto a libertad positiva”. Es claro por el contexto que por “libertad positiva” ellos hacen, de hecho, referencia a la riqueza. Nadie escribe sobre “ganancias explosivas”  en cuanto a la autonomía o auto-realización. Es la riqueza lo que ellos están identificando con libertad positiva, ya que lo dejan en claro cuando hacen a los términos prosperidad y  “liberación positiva” intercambiables. De acuerdo con Schmidtz y Brennan, “las ciencias sociales y la historia bien podrían revelar que el respeto de las libertades negativas tiene una larga y exitosa trayectoria no accidental generando una vida mejor. Puede resultar que la forma más efectiva de promover la libertad positiva sea protegiendo la libertad negativa”. ¿Qué comprensión adicional ha sido añadida por la sustitución de “libertad positiva” por “una vida mejor”? Ninguna persona seria discutiría que se establece que “la libertad negativa conduce por definición a la prosperidad”, pero al establecer que tanto la “libertad negativa” y la prosperidad son ambas clases de libertad, ellos están cometiendo algo casi tan grave como un pecado contra la claridad conceptual. Como F.A. Hayek insistió cuando rechazó precisamente el enfoque adoptado por Schmidtz y Brennan: “Si se quiere cierta claridad en la discusión sobre la libertad, su definición no debe depender de que todos consideren o no tal clase de libertad como algo bueno”. [5]

El tratamiento de “una vida mejor” y “libertad positiva” como términos intercambiables disminuye, en lugar de potenciar, la claridad. De hecho, fusionar los dos términos hace que sea más difícil realizar lo que Schmidtz y Brennan y nos animan a hacer, a saber, participar en la búsqueda científica de las relaciones causales entre la libertad y la riqueza. ¿Qué pasaría si en lugar de llamar a la “riqueza” “libertad”, fuéramos a llamar “libertad” a la “riqueza”? Tendríamos entonces que al estudiar la historia económica, se preguntaría  si más riqueza llevó a más riqueza. Cuando todo lo bueno o lo deseable es la libertad no hay nada bueno o deseable que sea distinguible de cualquier otra cosa buena o deseable. (El hecho de que alguien pueda decir “cuando conduzco un coche me siento libre” o “cuando estoy sano me siento libre” o “cuando hago paracaidismo me siento libre”, no proporciona sino una licencia débil para decir que el dinero, la salud y el caer en picada del cielo son “tipos de libertad”).

4) Además, su formulación confunde  -en mi opinión- la relación entre el gobierno y la libertad. Ellos rechazan lo que llaman una “suposición común”, es decir, que “la libertad – sea lo que sea – debe ser promovida por el gobierno de manera directa”. La elección de “promoción” en lugar del más tradicional término “protección”, sugiere una fuente de lo que considero su confusión. La riqueza puede aumentar indefinidamente, pero la libertad, una vez que es disfrutada por todos por igual, no puede ser aumentada continuamente. Tradicionalmente, la misión liberal de proteger o “garantizar” la libertad está íntimamente ligada a su carácter marcadamente social, como una cualidad que debe ser compartida por igual por todos. “Igual libertad” fue el lema del liberalismo clásico. La igualdad es algo que se tiene o no se tiene. Una vez que somos iguales no podemos todos llegar a ser más iguales, podemos abordar más de cerca la igualdad o podemos alejarnos de ella, pero no es una cantidad igual al calor que se puede incrementar sin medida. La riqueza se puede aumentar indefinidamente, pero la igualdad jurídica no, una vez que la tienes, la tienes. Por lo tanto, si bien puede ser protegida o garantizada, no es apta para ser “promovida”. Yo no considero que el negocio del gobierno sea “promover” mi libertad, pero yo considero que el negocio adecuado del gobierno es proteger y asegurar la libertad de todos y cada uno bajo su jurisdicción. Si no es la responsabilidad principal del gobierno proteger nuestra libertad, ¿cuál es?

En la compresión liberal clásica de libertad (“negativa”) ni un dictador ni un propietario de esclavos es libre porque no vivimos en sociedades libres, ellos son, más bien, portadores  y sujetos al poder arbitrario. Esto es evidentemente cierto acerca de las personas que viven en estados despóticos centralizados; sin embargo, los aristócratas podrán ejercer la tiranía local sobre los otros, sus siervos o esclavos, pero solo podrán disfrutar de su propia libertad si viven bajo un régimen distinto de ley. La desigualdad de libertad era objetivo central de las campañas de los liberales clásicos que buscaban igual libertad para todos; los activistas liberales clásicos opositores a la servidumbre y la esclavitud hicieron hincapié en la injusticia de negar la igualdad de libertad y a veces en la brutalidad psicológica que sufrían tanto el  esclavo como el amo a causa de la falta de libertad. Como el liberal abolicionista brasileño Joaquim Nabuco señaló sobre la esclavitud, “lo que este régimen representa ya lo sabemos. Moralmente es la destrucción de todo fundamento y principio religioso o de decencia positiva: la familia, la propiedad, la armonía social, las aspiraciones humanitarias. Políticamente es el servilismo, la degradación de las personas, la enfermedad del burocratismo, el languidecimiento del patriotismo, la división del campo en dominios feudales, cada uno con su propio sistema penal, su propia sede de juicio, más allá del alcance de la policía y los tribunales”.  Él exhortó a los brasileños: “eduquen  a sus hijos, edúquense a sí mismos en el amor por la libertad de los demás, porque sólo de esta manera no va a ser su propia libertad un regalo injustificado del destino. Usted se dará cuenta de su valor y tendrá el coraje de defenderla”. [6]

5) La fusión de riqueza con libertad tuerce sobre su cabeza el tradicional principio liberal de “presunción de libertad”. [7] La ​​presunción de libertad, según el cual la carga de la prueba recae sobre el que desea restringir la acción del otro y no en el que desea actuar, sólo tiene sentido en términos de libertad “negativa”. La presunción de inocencia también pone la carga de prueba sobre el que desea restringir la libertad de otro, ya  que es tarea imposible falsear todos los posibles cargos contra un acusado, pero el acusado puede pedir la verificación de los cargos presentados contra él. Del mismo modo, todas las posibles razones para interferir con la libertad de uno no pueden ser refutadas a la vez, pero las razones expuestas por otros para interferir pueden verificarse, por ejemplo, que la  quema de madera por parte de alguien causará daños por humo al prójimo. Puede existir una presunción que dicte que yo no debería interferir con otro, la cual solo pueda ser superada por una razón convincente para intervenir, pero ¿cómo puede existir una presunción de que aquel otro debe tener una capacidad o un bien? Esto sugiere una diferencia radical entre la libertad y la riqueza, de manera que llamar a ambas como libertad genera confusión en vez de claridad. La libertad es lo que usted goza cuando evita que la gente coaccione a otras personas, pero la coerción no es lo que usted goza (o logra) cuando evita que la gente deje libre a otras personas. La libertad es la ausencia de limitaciones por parte de otras personas, no la presencia de algo más. Coaccionar pueblos requiere el coercer para actuar, mientras que dejarlos libres no lo hace. [8]

6) Podemos intentar un experimento mental simple. Se pondrán a prueba las intuiciones, pero no puedo imaginar tomar a alguna persona seria la prueba y no estar de acuerdo en que hay algo muy raro en confundir la riqueza y la libertad. Considere el nivel de vida promedio alemán en 1927 y en 1939. (O bien, para que sea aún más claro, consideremos a los alemanes en 1878 y 1939). Los últimos alemanes tuvieron Volkswagen y más tarde tuvieron Autobahns, tenían teléfonos e incluso podían viajar a través del aire y, de hecho, tenían acceso a las riquezas saqueadas de los Judíos. Ellos tenían mayor “libertad positiva”, por lo que uno se podría preguntar  si aún alguien se inclina a llamar a la riqueza “libertad”. Pero, ¿tenían más libertad? Había una dictadura de partido único, la prensa fue censurada, el movimiento fue restringido y la gente vivía con miedo, el miedo al ejercicio del poder arbitrario. El uso del mismo término (“libertad”) tanto para la riqueza y, bueno, para la libertad, sugiere algún tipo de sustrato común que puede ser maximizada o de acuerdo con el cual las ganancias o pérdidas de uno pueden contarse en términos de la otra. Llamar a la mayor riqueza disfrutada por los alemanes bajo la dictadura del terror de 1939 un mayor grado de libertad ofende a la razón, ningún aumento de la riqueza podría decirse que crea “más libertad” bajo ese régimen ilegal, arbitrario y despótico. (Se podría argumentar sobre la pérdida de la libertad por los judíos y por los oponentes de Hitler, pero quiero presionar con más fuerza y argumentar que los no-Judios y hasta los nacionalsocialistas entusiastas eran menos libres,  ya que lo que ellos disfrutaban dependía del poder arbitrario de su Führer.) [9]

7) La corriente principal del pensamiento liberal clásico estrechamente identifica la libertad con las instituciones, en particular con el conjunto de hábitos, expectativas y organizaciones a las que se refiere generalmente como “el imperio de la ley”. Locke identifica la libertad no con el mero poder de seguir la propia inclinación o deseos (“libertad de hacer cada cual lo que le apetezca “), sino como:

Mas se trata de la libertad de disponer y ordenar libremente, como le plazca, su persona, acciones, posesiones y todos sus bienes dentro de lo que consintieren las leyes a que está sometido; y, por lo tanto, no verse sujeto a la voluntad arbitraria de otro, sino seguir libremente la suya. [10]

El mismo o muy similar  lenguaje sobre no estar sujeto a la voluntad arbitraria de otros se encuentra en Kant, Constant, Spencer, Hayek y muchos otros liberales, junto con una correspondiente libertad de acción sin restricciones dentro de los límites de la igualdad ante la ley y la justicia. Para ellos no hay libertad fuera de las instituciones. (En este sentido, la distinción establecida por Quentin Skinner entre “liberalismo clásico” y republicanismo  “neo-romano” carece de valides, Skinner se limita a establecer que los liberales clásicos se ocuparon únicamente de “la fuerza o la amenaza coercitiva de ella” y no de la “condición de dependencia ” en el poder, pero esta afirmación es simplemente falsa, como numerosas declaraciones de los pensadores liberales clásicos canónicos demuestran.) [11] Cuento esto para anticipar la discusión por venir en cuanto a libertad “moderna” y “antigua ” e individual y colectiva.

8) Mi objeción final sobre el mezclar cuestiones tan dispares como libertad y la riqueza es que las generaciones pasadas de liberales lo identificaron como una de las fuentes de decadencia del liberalismo. E.L. Godkin, escribiendo en The Nation en 1900, identificó la confusión de la libertad con la abundancia material como la causa del eclipse del liberalismo:

Fue en gran parte debido a los principios y preceptos del liberalismo el prodigioso progreso material de la época. Liberados de la intromisión abusiva de los gobiernos los hombres se dedicaron a su tarea natural, el mejoramiento de su condición,  generando los maravillosos resultados que nos rodean. Pero ahora parece que este bienestar material ha cegado los ojos de la actual generación a la causa que lo hizo posible. En la política mundial, el liberalismo está declinando, es casi una fuerza extinta. [12]

El nexo causal entre la libertad, por un lado, y la riqueza, por otra parte, fue ocluido y el objetivo se convirtió sólo en promover cosas buenas, sin prestar atención al carácter distintivo de la libertad. Herbert Spencer también argumentó que la promiscua confusión de la libertad con otras cosas buenas había llevado a “la clase de confusión en la que el liberalismo se ha perdido a sí mismo”.

Por lo que, en la aprehensión popular y en la aprehensión de aquellos que los realizaron, ¿fueron los cambios del pasado efectuados por los liberales? Estos cambios mitigaron los agravios sufridos por el pueblo, o por partes del mismo: éste era el rasgo común que tuvieron [los cambios] que más se grabó en las mentes de los hombres. Estos cambios fueron la mitigación de los males que habían sido directa o indirectamente sentidos por las grandes clases de ciudadanos como causantes de la miseria o como obstáculos para la felicidad. Y puesto que, en la mente de la mayoría, un mal rectificado es equivalente a un bien logrado, estas medidas llegaron a ser consideradas como beneficios positivos para muchos y el bienestar de la mayoría llegó a ser concebida tanto por los hombres de estado liberales y los votantes liberales como el objetivo del liberalismo. De ahí la confusión. La obtención de un bien popular, siendo el rasgo común externo más sobresaliente de las medidas liberales en días pasados (entonces cada logro se obtuvo por una relajación de las restricciones), ha ocasionado que el bien popular llegue a ser buscado por los liberales, no como un fin a ser indirectamente adquirido por relajación de las restricciones, sino como un fin que se puede obtener directamente. Y, al tratar de ganarlo directamente, se han utilizado métodos intrínsecamente opuestos a los utilizados  originalmente.

Entiendo que Schmidtz y Brennan desean evitar tales consecuencias estipulando que no es, obviamente, el objetivo del Estado “promover” cualquier tipo de libertad, sugiriendo en cambio que tal vez el gobierno debería promover la “libertad positiva” indirectamente al proteger la ” libertad negativa”  porque “la libertad negativa es importante en parte porque es una muy eficaz, si bien imperfecta, vía para promover la libertad positiva”. Pero me temo que su fusión de la libertad con la prosperidad llevará, de nuevo, precisamente a lo que Spencer y Godkin advirtieron a finales del siglo 19. La eliminación del liberalismo como una fuerza política e intelectualmente coherente no resultó bien en el siglo XX. Espero que no cometamos el mismo error esta vez.

Traducido por: Oscar Rosales Krumdieck

*Tom G. Palmer es senior fellow del Cato Institute, vice presidente de Programas Internacionales del Atlas Economic Research Foundation y autor del libroRealizing Freedom: Libertarian Theory, History, and Practice. Obtuvo un M.A. el filosofía por The Catholic University of America y un doctorado en ciencias políticas por la Universidad de Oxford.

Artículo publicado originalmente (inglés) en: http://www.cato-unbound.org/2010/03/12/tom-g-palmer/liberty-is-liberty/

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[1] “Two Concepts of Liberty,” en Isaiah Berlin: Liberty, ed. Henry Hardy (Oxford: Oxford University Press, 2005), p. 191. En español en: https://www.google.com.pe/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=2&cad=rja&ved=0CDwQFjAB&url=http%3A%2F%2Fwww.liberallibertario.org%2Fhome%2Findex.php%2Fbiblioteca-liberal-libertaria%2Fdoc_download%2F168-isaiah-berlin-dos-conceptos-de-libertad&ei=3eIKUaHJAY388QT_iYDQAQ&usg=AFQjCNGpjirPMk0uu_ydYi0owqdraPy2Tg&sig2=6gj6UjJmG1IUTtgJ0Kw-jA&bvm=bv.41642243,d.eWU

[2] “Two Concepts of Liberty,” p. 172.

[3] V. I. Lenin, “Economics and Politics in the Era of the Dictatorship of the Proletariat,” en Lenin’s Collected Works, 4th English Edition (Moscow: Progress Publishers, 1965), Vol. 30, pp. 107-117,http://www.marxists.org/archive/lenin/works/1919/oct/30.htmThe nature of Lenin’s conception of “real freedom” is described in Robert Gellately, Lenin, Stalin, and Hitler: The Age of Social Catastrophe (London: Vintage Books, 2008), esp. chapter 2, “On the Way to Communist Dictatorship.”

La cita en español es de: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/oe12/lenin-obrasescogidas10-12.pdf Página 87

[4] “Two Concepts of Liberty,” p. 180.

[5] F. A. Hayek, The Constitution of Liberty (Chicago: University of Chicago Press, 1971), p. 18.

[6] Joaquim Nabuco, O Abolicionismo (London: Abraham Kingdon, 1883), pp. 241, 254.

[7] La presunción de la libertad es formulada en términos lógicos y epistemológicos por Anthony de Jasay, “Liberalism, Loose or Strict,” The Independent Review, v. IX, no. 3, Inverno 2005, pp. 427-432, http://www.independent.org/publications/tir/article.asp?a=505

[8] Como Adam Smith hizo notar sobre la justicia: “La mera justicia no es, en la mayoría de los casos, sino una virtud negativa, que solamente nos impide hacer daño a quienes nos rodean. El hombre que solo se abstiene de atentar contra las personas, las propiedades o la reputación de sus vecinos, tiene probablemente muy poco mérito positivo, aunque cumpla todas las reglas de lo que peculiarmente se llama justicia y hace todo lo que sus iguales pueden con conveniencia forzarlo a hacer o que pueden castigarlo por no hacer. A menudo podemos cumplir con todas las reglas de la justicia permaneciendo sentados y sin hacer nada”. Adam Smith, The Theory of Moral Sentiments (Oxford: Oxford University Press, 1976), p. 82.

[9] Como Algernon Sidney insiste: “La libertad consiste exclusivamente en una independencia respecto de la voluntad de otro, y entendemos por esclavo un hombre que no puede disponer de su persona ni de bienes, sino que lo disfruta todo según el arbitrio de su amo; no hay tal cosa en la naturaleza como un esclavo, si esos hombres o naciones no son esclavos, que no tenga otro título del que disfrutar que la gracia del príncipe, el cual se los puede revocar cuando sea que él quiera”.

[10] John Locke, Two Treatises of Government, ed. Por Peter Laslett (Cambridge: Cambridge University Press, 1988), II, vi., § 58, p. 306. El texto en español ha sido extraído de: http://archipielagolibertad.org/upload/files/007%20Estado%20de%20derecho/7.1%20Derecho,%20ley,%20instituciones/0001%20Locke%20-%20Segundo%20tratado%20sobre%20el%20gobierno%20civil.pdf Pag. 26

[11] Quentin Skinner, Liberty Before Liberalism (Cambridge: Cambridge University Press, 1998), p. 84.

[12] E. L. Godkin, “The Eclipse of Liberalism,” The Nation, August 9, 1900; reimpreso en The Libertarian Reader, ed. David Boaz (New York: Free Press, 1998), pp. 324-26.

[13] “The New Toryism,” en Herbert Spencer, Political Writings, ed. Por John Offer (Cambridge: Cambridge University Press, 1994), p. 69.

Un comentario

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